Verde oscuro, mohoso, mocoso y con un cierto aroma a orin. Paredes ennegrecidas y repletas de horribles grietas desde donde puede alcanzarse, con la lengua, la nada. Rugoso suelo de tantas pisadas. Recuerdo haber estado vestido, al menos durante 5 minutos, de un repugnante vómito. Del cielo llueven lágrimas y de la tierra nace el temor a la soledad. Hay cajones con grandes dosis de sueños destruidos. Luz tenue que incita al fracaso. Sombras de lo que un día la esperanza, maldita esperanza, habló, ordenó y luego reventó. El tiempo se hace mas fuerte. El minutero se comporta como una "puta": siempre atento a cada movimiento y solo para poder cobrar. El segundero...¡soy yo!. Pides auxilio y nadie quiere aprender a escucharte. Caer es facil, salir una utopía.

Doy comienzo así al diario de un genio que una noche -¿la recuerdas, hija de puta?- tocó fondo. Intenté salir pero me hize a la realidad. Ahora soy dios. El dios del último pozo...